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domingo, 16 agosto 2026
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Fiscalidad y emprendimiento juvenil, lo que señala el análisis de Susana de la Puente

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La banquera de inversión y exvicepresidenta de J.P Morgan para Latinoamérica Susana de la Puente examina cómo la presión tributaria condiciona el avance de los jóvenes emprendedores y cómo ciertos incentivos pueden convertir obstáculos fiscales en oportunidades reales para fortalecer proyectos en crecimiento.

El emprendimiento juvenil es un componente clave para sostener la competitividad económica a largo plazo. Sin embargo, el entorno donde estos proyectos surgen determina su capacidad de mantenerse en el tiempo. Dentro de los factores centrales para esta consolidación figura la fiscalidad, cuyo diseño puede convertirse tanto en motor como en freno según cómo se aplique.

Para quienes recién comienzan, la carga tributaria inicial se convierte en un desafío significativo, sobre todo cuando los ingresos aún fluctúan y las posibilidades financieras son limitadas, subraya Susana de la Puente. Esta situación no solo afecta la estabilidad de cada iniciativa, sino que impacta también en el ecosistema emprendedor, limitando innovación, talento y creación de empleo. En un contexto que impulsa la formación de empresas, sigue siendo contradictorio que los proyectos jóvenes enfrenten normativas pensadas para organizaciones ya consolidadas.

Efectos de la carga tributaria en emprendimientos recién creados

En la fase inicial de un emprendimiento, cada recurso cuenta. Las decisiones financieras influyen de forma directa en la continuidad del negocio y una tributación exigente desde el comienzo puede alterar estrategias de inversión y frenar el ritmo de crecimiento orgánico.

Cumplir obligaciones como impuestos o aportes a la seguridad social desde los primeros meses añade presión en un momento de ingresos inestables. Esto limita la liquidez para investigación, innovación o contratación, y eleva el riesgo de cierres anticipados, afectando la percepción del emprendimiento como opción profesional viable para los jóvenes.

La complejidad administrativa también suma dificultades, ya que exige conocimientos técnicos o asesoría especializada, incrementando los costos operativos. Desde la mirada de inversores o gestores de capital, estos factores aumentan la percepción de riesgo y dificultan la llegada a crédito o financiamiento privado.

Susana de la Puente señala que esta fiscalidad inicial actúa como filtro estructural: solo los proyectos con mayor resistencia o acceso a capital externo logran avanzar, mientras que iniciativas con alto potencial quedan relegadas o deben postergar decisiones estratégicas.

Políticas de estímulo orientadas a la creatividad empresarial

Cuando se diseñan correctamente, los incentivos tributarios alivian cargas y permiten que los jóvenes enfoquen recursos en actividades de mayor valor, impulsando experimentación y crecimiento sostenible.

Entre las herramientas más útiles aparecen deducciones por inversión en I+D, bonificaciones para contratar talento joven y regímenes especiales para startups que otorgan reducciones impositivas temporales. Estas medidas mejoran la liquidez, reducen riesgos percibidos por los inversores y facilitan la entrada a capital privado, destaca De la Puente. El Reino Unido es un ejemplo de cómo un esquema atractivo impulsa la inversión en startups.

Bien aplicados, estos incentivos generan un efecto multiplicador: diversifican el ecosistema, promueven soluciones tecnológicas y favorecen la expansión internacional. Además, fortalecen un tejido empresarial más competitivo y preparado para los mercados globales, creando condiciones para que los jóvenes transformen ideas en proyectos escalables.

Susana de la Puente hace una comparativa internacional de modelos fiscales

Las políticas fiscales dirigidas a emprendedores varían ampliamente entre países. En Europa, Reino Unido ofrece esquemas favorables para startups, desde deducciones por innovación hasta créditos para capital semilla como el SEIS. Francia combina ayudas directas con regímenes como el JEI, que reduce cargas sociales y fomenta el desarrollo tecnológico, explica la banquerade inversión Susana de la Puente.

España, en cambio, mantiene un marco más rígido. Aunque la Ley de Startups introdujo beneficios como tipos reducidos y deducciones por inversión, estos siguen siendo limitados o dispersos, dependiendo de convocatorias específicas y generando un entorno menos homogéneo para la consolidación de proyectos.

En Estados Unidos, la flexibilidad regulatoria y los incentivos orientados a I+D han impulsado un ecosistema emprendedor destacado. Programas como el SBIR ofrecen fondos no reembolsables, pero requieren experiencia en trámites, lo que puede complicar el acceso para jóvenes emprendedores, según Susana de la Puente.

En América Latina, varios países buscan reducir barreras iniciales. República Dominicana facilita la formalización con un régimen especial, mientras que Chile combina un sistema tributario progresivo con incentivos a la inversión en I+D, favoreciendo la expansión de empresas emergentes.

En conjunto, los países que equilibran incentivos fiscales, formación, financiamiento y trámites ágiles logran ecosistemas más sólidos y propicios para que los jóvenes escalen sus proyectos.

Los emprendedores jóvenes viven un momento crítico: deben responder a obligaciones fiscales cuando sus ingresos son inciertos y los recursos escasos. Esto condiciona la viabilidad de sus proyectos y su percepción del emprendimiento como carrera posible, concluye Susana de la Puente.

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